El año 1990 es un capítulo dorado en la historia del Club Puebla, especialmente por su destacada actuación en la Copa MX. La Franja llegó a la final contra un formidable oponente, el Club Necaxa, en un torneo que representó no solo un título, sino un símbolo de orgullo para los aficionados poblanos. El camino hacia la final estuvo lleno de emociones, con victorias memorables que elevaron las esperanzas de los seguidores.

El partido final, celebrado en un ambiente electrizante en el Estadio Cuauhtémoc, fue una verdadera prueba de carácter para los jugadores. Los aficionados, vestidos de blanco y azul, llenaron las gradas, creando una atmósfera que se sentía casi mágica. A pesar de la presión, el equipo mostró una impresionante solidez defensiva y un ataque imparable. Cada pase, cada tiro, cada parada del portero se vivió como una historia épica.

La victoria de La Franja en esa final no solo les otorgó el trofeo de la Copa MX, sino que también reafirmó su lugar en el corazón de los aficionados. Fue una celebración que trascendió el deporte, convirtiéndose en un evento social que unió a toda la ciudad de Puebla. Esa temporada, Puebla no solo ganó un título; se ganó el respeto y la admiración de toda la liga.

Recordar ese triunfo es recordar la resiliencia y el espíritu de lucha que caracteriza a los aficionados poblanos. La historia de esa final de 1990 vive en los relatos de los seguidores que estuvieron allí, transmitiendo las emociones a nuevas generaciones. La Franja, como símbolo de esperanza y unidad, dejó una huella imborrable en la historia del fútbol mexicano.